Internacional

Buscan proscribir a Trump para siempre

Como si se tratase de un criminal de guerra, se elaboró un plan sistemático para que el actual presidente no vuelva a ocupar cargos públicos. Juicio político, censura en redes y ataque organizado del establishment mediático.

*Por Horacio Minotti. Director Ejecutivo de Trust Consultora. Cuando se observa una conspiración de semejante nivel, tan sencillamente detectable, tan obvia y obscena, casi que no le queda a uno otra chance que simpatizar con un tipo que a priori, no podría caerle simpático a nadie.

Repasemos:

  1. Las redes sociales Facebook e Instagram del múltiple investigado en Estados Unidos y el mundo Mark Zuckerberg, censuraron a Donald Trump mientras siga siendo presidente, para que no pueda conocerse su pensamiento.
  2. La red social Twitter dio de baja la cuenta del todavía presidente, de por vida.
  3. La empresa Apple, titular del producto Iphone, la empresa de telefonía celular que domina ampliamente el mercado norteamericano, ha impedido que en sus teléfonos puedan los usuarios “bajarse” la red social Parler, que es la que utilizaban aquellos que pretender conocer todas las opiniones, incluso la de Trump.
  4. Hace unas semanas, todas las cadenas de noticias juntas, sacaron del aire del presidente de los Estados Unidos al unísono, por no compartir lo que estaba manifestando.
  5. Huelga volver a hablar de las peculiaridades de la “derrota” del republicano en las últimas elecciones, nos remitimos a lo ya dicho en este mismo medio.

Ahora bien, la nueva y seguramente la definitiva, es el juicio político al que va someterse al saliente presidente, con dos características: a) el proceso va a concluir cuando Trump ya no sea presidente, es decir que su destitución no tendía sentido, salvo porque, b) va a incluirse en la sentencia la prohibición de por vida para ocupar cargos públicos.

El argumento de juicio político radica en que, presuntamente, el empresario de frondosa cabellera habría impulsado la toma del Capitolio la semana pasada, de lo cual no hay una sola prueba ni elemento condenatorio, en todo caso lo mas serio, podría ser achacarle a Trump no hacer nada para que no ocurra.

En principio carecería de sentido un juicio político porque es imposible que el mismo concluya antes del 20 de enero, fecha en que se produce el traspado del mando y la realidad es que el único objeto de dicho proceso es la destitución. Pero ya han aparecido varios exégetas constitucionales a interpretar de manera tortuosa la Ley Superior estadounidense, explicando que es posible la validez del juicio hasta 100 días después de terminado el mandato.

Claramente la intención no es la destitución, sino lo que podría llamarse la “pena accesoria”: prohibir a Trump volver a postularse a presidente u ocupar cualquier cargo público. Los demócratas temen que un medicre gobierno de Joe Biden, catapulte al empresario a una victoria estrepitosa dentro de cuatro años, que ni los votos por correo puedan impedir. La forma de que esto no ocurra es proscribirlo de por vida.

Muchos repúblicanos tampoco ven esto con malos ojos: si Trump sigue teniendo posibilidades de candidatearse en cuatro años, muchos aspirantes a disputar la presidencia deberían reformular sus ambiciones a ocho o doce años vista.

La realidad es que si el masivamente censurado presidente, hubiese cometido un delito, sería mucho mas eficiente enjuiciarlo en un Tribunal, que bien podría inhabilitarlo de por vida además de condenarlo a prisión. Pero el Poder Judicial es particular, allí hay que tener pruebas, hay instancias de apelación y hay una Corte Suprema, el juicio político, es político.