DEPORTIVO

El gran fracaso de Independiente

El fracaso del Rojo de Avellaneda no se produjo ayer en la derrota con Lanús. Fue mucho antes, con una dirigencia desinteresada en los destinos del club que no ha sabido administrar fortunas que ingresaron por ventas de jugadores.

*Por Juan Ignacio Minotti. El jueves por la noche, Independiente quedó eliminado de la Copa Sudamericana. Perdió como local ante Lanús y perdió mal. Dejó una pésima imagen, se despidió de su gran objetivo del año, y, como si fuera poco, no disputará ningún torneo internacional el año que viene. Sin embargo, el fracaso del Rojo es definitivamente anterior, y este golpe, que se suma a tantos otros, no es más que la consecuencia lógica de un proceso fallido desde la base.

Seguramente, mucho podrá criticársele al entrenador, Lucas Pusineri, así como también podrá caerse sobre actuaciones individuales pésimas, como las de Pablo Hernández y Alan Franco, pero la realidad indica que en el encuentro ante el Granate, se dio la lógica: el conjunto de Avellaneda perdió ante un equipo superior. Y no se trata, solamente, de un equipo que en 90 minutos específicos fue mejor a otro, sino de un club que posee más recursos que otro.

Lanús tiene un plantel ampliamente superior a Independiente. Cuenta con más medios en todas las líneas y tiene aciertos de varios tipos distintos: ídolos y referentes históricos, como José Sand y Lautaro Acosta; incorporaciones de bajo costo y altamente rendidoras, como Nicolás Orsini y Facundo Quignon y juveniles de lujo, campeones en divisiones en inferiores, como Pedro De La Vega, Alexandro Bernabei y Tomás Belmonte.

Independiente carece de ídolos desde hace tiempo, y su único referente es Silvio Romero, un muy buen futbolista que tiene una ligazón muy superficial con el club, e incluso ha intentado irse en varias oportunidades, probablemente repelido por el accionar de una dirigencia nefasta. Las compras del Rojo son caras y los rendimientos están a la vista y los productos de inferiores, la mayoría sin pasos por selecciones juveniles ni campeonatos en inferiores, fueron llamados a dar la cara, no porque se confiase en sus capacidades, sino porque el plantel fue desmantelado y se necesitaban tapar agujeros.

Independiente carece de ídolos desde hace tiempo, y su único referente es Silvio Romero, un muy buen futbolista que tiene una ligazón muy superficial con el club.

El fútbol a veces resulta muy difícil de explicar. En este caso es muy sencillo: el equipo con mejores jugadores ganó la serie. Tan lógico resulta el proceso en Independiente, que también sucedió lo previsible en el torneo local. El Rey de Copas, que tiene más que Central Córdoba y que Defensa y Justicia, que puso suplentes en la Copa de la Liga Profesional, para disputar con titulares la Sudamericana, quedó segundo en su grupo, detrás de Colón, respecto de quien tiene claramente menos plantel. Quizás, hasta en algún momento rompió esa lógica para bien, cuando eliminó por Sudamericana a Atlético Tucumán, un mejor equipo.

A Pusineri le cabrán también los reproches. Sin embargo, si lo analizamos también lógicamente, el hombre que salió campeón como jugador en 2002, tiene menos recorrido como entrenador que Luis Zubeldía o que Eduardo Domínguez, por citar ejemplos de dos equipos mencionados. Apenas, una corta experiencia en dos equipos de Colombia, positivas, por cierto, pero ninguna en el eminentemente superior futbol argentino. De nuevo, los resultados son los lógicos.

Entonces bien, cabe preguntarse ¿Como puede ser que un equipo como Independiente cuente con menos recursos futbolísticos que prácticamente la mitad de los clubes argentinos? La historia, los ingresos generados por la enorme cantidad de hinchas y socios, la repercusión, son puntos de partida mucho más interesantes que los de los otros clubes anteriormente mencionados. Sin embargo, la política dirigencial o la ausencia de la misma, es un condicionante supremo para todo proyecto.

Los Moyano están en otra cosa.

Independiente tiene una dirigencia desinteresada del destino del club y desinformada de la realidad. Su presidente, Hugo Moyano, se entera de un bajísimo porcentaje de las decisiones que en la institución se toman. No lo dejan de lado. Por el contrario, cumplen con el expreso pedido de no molestarlo salvo por cuestiones cada día más puntuales. El vicepresidente primero, Pablo Moyano, tiene una incidencia mayor en el día a día del club, pero definitivamente insuficiente. Si el presidente interviene en una de cada 100 decisiones que se toman, el vice primero interviene en 10. En conclusión, el Rojo carece de conducción desde hace al menos tres años y no existe el menor interés en que eso se modifique.

Basta con revisar el pasado reciente, para comprobar como el desinterés es la política conductiva de esta dirigencia, por lo menos desde 2017. Tras varios años de campañas infructuosas, el Diablo encontró en Ariel Holan un entrenador que generó confianza en los jugadores, explotó su nivel al máximo y generó ilusión en los hinchas. Así, el equipo ganó la Sudamericana en el Maracaná ante Flamengo. Tras aquella gesta, Holan, que renunció y volvió a agarrar su cargo en menos de una semana, pasó de ser el entrenador del club, cargo para el que claramente se había preparado buena parte de su vida, a ser el gestor principal del fútbol en Independiente. La dirigencia le otorgó la potestad de negociar y cerrar compras y ventas de jugadores casi sin supervisión alguna.

No pretenden estas líneas detenerse en si fue buena o mala la gestión de Holan, en que acertó y en que no, simplemente porque el no era el elegido por los socios para gestionar, él era un director técnico.

El plan era perfecto, la gente lo adoraba y la dirigencia podía desligarse de aquello que hasta el día de hoy no quiere hacer: gestionar el club. No pretenden estas líneas detenerse en si fue buena o mala la gestión de Holan, en que acertó y en que no, simplemente porque el no era el elegido por los socios para gestionar, él era un director técnico. Tras su salida, llegó Sebastián Beccacece y, bajo el lema “confiamos en el entrenador”, los dirigentes volvieron a desligarse completamente de la toma de decisiones, y le permitieron al entrenador realizar incorporaciones que traerían consecuencias económicas irreparables.

A partir de allí, a mediados de 2019, comenzaron a darse cada vez con más frecuencia situaciones insólitas, a las que desgraciadamente el hincha de Independiente se ha tenido que acostumbrar. Reclamos por deudas impagas a diario, intimaciones de futbolistas para poder cobrar sus sueldos y hasta el inédito caso de jugadores a los que se había incorporado por un dineral yéndose libres por falta de pago. Le imploro al lector que se detenga un segundo en esto, que por su frecuencia se ha asimilado como normal, pero que carece de antecedentes en ningún lugar del mundo.

Independiente invirtió una fortuna en incorporar a un jugador por el que si aún no pagó, algún día tendrá que pagar. Luego, le firmó un contrato altísimo que le pagó durante meses y lo que no, alguien, probablemente otra dirigencia, tendrá que pagar, y un día ese mismo jugador abandonó el club sin dejarle un centavo por incumplimiento de pago. Este circulo vicioso se repitió en tres casos distintos y estuvo muy cerca de pasar en varios más. Fortunas tiradas a la basura.

Gastón Silva. La dirigencia lo trajó por U$S 2 millones, pero todavía debe U$S 1,8 millones y le debe otro millón de dólares mas en sueldos. Se consideró despedido por falta de pago. La FIFA le dió la razón.

Como si todo esto fuera poco, luego de años de suplica de los socios, el club contrató a un manager, Jorge Burruchaga. El campeón del mundo fue tomado por sorpresa por su designación, casi que no le dijeron que es lo que tenía que hacer, al punto tal que en la conferencia de prensa brindada por su asunción declaró que no tenía ningún proyecto.

Burru siempre quiso una nueva oportunidad para dirigir a Independiente y si no era él, quería que el DT fuera un hombre de su confianza. Lógico, un hombre llega a un cargo y pretende que los que están bajo su órbita le respondan. Pero la dirigencia nunca le dio el aval como para que remueva a los que estaban por debajo de él. Los Moyano incorporaron un conflicto, al que no le prestaron la más mínima atención, nuevamente para sacarse un tema de encima.

Pusineri y los jugadores pueden haberse equivocado muchísimo, pero son la consecuencia lógica del proceso. ¿Como llega un técnico sin experiencia en Argentina a dirigir un club grande sin escalas? Simple. No hay muchos entrenadores dispuestos a agarrar un equipo con menos recursos que la gran mayoría de sus competidores, que tiene aspiraciones más altas que la gran mayoría de sus competidores, en el cual no le pagarán en tiempo y forma y lo dejarán solo haciéndose cargo de cosas que no le corresponden. El que tiene la osadía de tomar el timón del barco que está a 100 metros del iceberg y que va a alta velocidad, se queda con el puesto.

No hay muchos entrenadores dispuestos a agarrar un equipo con menos recursos que la gran mayoría de sus competidores, que tiene aspiraciones más altas que la gran mayoría de sus competidores, en el cual no le pagarán en tiempo.

¿Como llega un equipo con los ingresos de Independiente, que vendió en cifras millonarias a futbolistas como Maximiliano Meza, Nicolás Tagliafico, Nicolás Figal, Esequiel Barco, entre tantos otros, a tener un plantel inferior a la media del futbol local? La respuesta también está en la dirigencia de la institución.

Por eso el fracaso no es de los jugadores ni del DT. El fracaso es todo de la comisión directiva, y tampoco se suscitó ayer, sino hace mucho más tiempo, cuando se trazaron los objetivos y no se proveyeron de recursos acordes para cumplirlos. Aunque si se entiende por fracaso, no conseguir el objetivo que se pretende, quizás la palabra no sea la adecuada. Las cabezas directivas de Independiente no pretenden nada, simplemente carecen de interés por el destino de la institución.