Internacional

Guerra “de hielo” entre Rusia y EE.UU.

El masivo ciberataque y el cierre de los consulados estadounidenses de Vladivostok y Ekaterimburgo intensifican la nueva guerra fría.

El presidente ruso, Vladimir Putin, realiza un discurso durante el Día de los Trabajadores desde la sede del Servicio de Inteligencia Exterior. Sputnik/Alexei Nikolsky/Via Kremlin. Reuters)

LA VANGUARDIA (GONZALO ARAGONÉS, CORRESPONSAL EN MOSCÚ). Todavía no se ha producido el cambio de poderes en Estados Unidos, pero en Rusia ya se cree que las relaciones entre ambos países (ya de por sí muy deterioradas o “inexistentes”, como ha dicho recientemente el presidente ruso, Vladímir Putin) seguirán empeorando. A este paso, la llamada “nueva guerra fría” puede convertirse en un nombre obsoleto y llegar a una “guerra de hielo”.

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, insiste en señalar a China como su principal adversario en el mundo. Pero el último ciberataque atribuido a Rusia parece recordar que Moscú es el adversario más antiguo de EE.UU., también en el ciberespacio. “Podemos decir con bastante claridad que lo hicieron los rusos”, insistió el viernes en una entrevista en Fox News el secretario de Estado estadounidense, Mike Pompeo, a pesar de su jefe.

El portavoz del Kremlin, Dimitri Peskov, aseguró que Rusia no tiene ninguna relación con los ataques piratas contra las instituciones estatales de EE.UU. y pidió que cesen las acusaciones contra Moscú. El ministro de Exteriores, Serguéi Lavrov, señaló por su parte que ya están “acostumbrados a que Estados Unidos, y también otros países occidentales, anuncien en los medios de comunicación las siguientes acusaciones contra Rusia”.

El Kremlin niega cualquier relación con los ciberataques contra Estados Unidos.

Mientras los políticos y los funcionarios niegan, los expertos advierten que esto puede hacer que la escurridiza y fina cuerda que une las relaciones bilaterales se estire más. Pável Shárikov, que dirige el Centro de Investigación Aplicada del Instituto de EE.UU. y Canadá, indica que las acusaciones se pueden traducir en sanciones. “Este ciberataque es la primera acusación seria contra Rusia sobre un ataque a sistemas políticos no electorales”, dijo en el canal de televisión 360. El experto mostró su extrañeza de que no haya aún respuesta por los canales diplomáticos.

La sofisticada operación de pirateo contra Orión, un programa de gestión de redes desarrollado por la empresa SolarWinds y que usan más de 30.000 clientes tanto públicos como privados, ha permitido a los ladrones informáticos entrar durante meses en importantes instituciones de EE.UU., como el Departamento de Defensa, la agencia que gestiona su arsenal nuclear, el Tesoro, el Departamento de Estado o el de Comercio. Entre los afectados también hay empresas privadas, como Microsoft, y otros países, como Reino Unido, Israel o España.

Con Donald Trump en la Casa Blanca la nueva guerra fría no se ha frenado. Las relaciones han ido cuesta abajo, y las sanciones, cuesta arriba. Sin embargo, sí se ha sentido la buena sintonía entre los dos presidentes. Por eso en Moscú se teme que si es la nueva administración Biden la que adopte medidas por el ciberataque será peor para Rusia. Creen los expertos que con un presidente demócrata las medidas contra Rusia serán más fáciles de tomar. “El frente contra Rusia se va a ensanchar”, dijo Dimitri Trenin, director del Centro Carnegie de Moscú.

Con Donald Trump en la Casa Blanca la nueva guerra fría no se ha frenado. Las relaciones han ido cuesta abajo, y las sanciones, cuesta arriba.

Este es el mayor ciberataque atribuido a Rusia desde el pirateo al Partido Demócrata en el 2016 durante las elecciones de ese año, llevado a cabo por los grupos de hackers Cozy Bear, que se cree vinculado al Servicio de Inteligencia Exterior ruso (SVR), y Fancy Bear, al que se cree asociado a la inteligencia militar rusa (GRU). Entonces, Barack Obama sí tomó medidas: expulsó a 35 diplomá­ticos rusos. Además, cerró el acceso del personal de la misión en Nueva York y de la embajada de Washington a sus residencias ­particulares.

Con esa medida comenzó la llamada “guerra de las embajadas”, que todavía colea. Una consecuencia de ella es la decisión que este fin de semana ha tomado Mike Pompeo de cerrar los consulados estadounidenses de Vladivostok, el principal puerto ruso en el océano Pacífico, y Ekaterimburgo, en los Urales. Esto afectará a los ciudadanos estadounidenses que viajen por Rusia y a los ciudadanos rusos que quieran viajar a Estados Unidos, ya que para conseguir un visado tendrán que recurrir a la embajada de Moscú, el único centro diplomático de EE.UU. que quedará activo.

Para el influyente senador Alexéi Pushkov, el cierre de los consulados es otra señal de que siguen dándose portazos a las relaciones entre los dos países. Alegar que se ahorran 3,2 millones de dólares es ridículo, ha dicho. “La economía y el presupuesto de EE.UU. tienen problemas, pero no hasta ese extremo. Esta es una decisión política. En Estados Unidos, están pasando a una ‘guerra de hielo’ contra Rusia”, escribió el político en Telegram.

EE.UU, cerró este fin de semana sus embajadas en Vladivostok y en Ekaterimburgo para “optimizar el trabajo”.

El Departamento de Estado explicó que la decisión forma parte de sus esfuerzos “para garantizar el funcionamiento seguro” de su trabajo diplomático en Rusia y para “optimizar el trabajo”.

Vladímir Putin no contestó enseguida a la expulsión de sus diplomáticos en diciembre del 2016, ya que según los analistas el Kremlin esperaba que la llegada al poder de Donald Trump suavizase la nueva guerra fría entre los dos países y comenzase el levantamiento de algunas de las sanciones que se impusieron a Rusia por la crisis ucraniana y la anexión de Crimea en el 2014.

Fue un espejismo, y en julio del 2017 Rusia exigió a EE.UU. que recortara su personal acreditado en Rusia a 455 funcionarios, que era el número de diplomáticos rusos acreditados en EE.UU. El esfuerzo fue brutal, porque en las misiones diplomáticas americanas en Rusia trabajaban entonces 1.200 personas. El Departamento de Estado ha vinculado el cierre de los consulados de Vladivostok y Ekaterimburgo al ajuste que tuvieron que efectuar ese año.

Además, se cortó el disfrute de una casa de campo en Serébrenni Bor, un parque en el noroeste de Moscú.

Luego replicó Washington, que exigió el cierre del consulado ruso en San Francisco más dos instalaciones consulares en Washington y Nueva York.

En Moscú se teme que la respuesta al pirateo llegue con Biden, cuando el frente antirruso sea mayor.

No quedó ahí la cosa, porque en el 2018 y como respuesta al envenenamiento de Serguéi Skripal y su hija en el Reino Unido, Washington expulsó a otros 60 diplomáticos rusos y cerró el consulado ruso de Seattle. Le tocó luego el turno de réplica a Rusia, cerrando el consulado estadounidense de San Petersburgo.