POLÍTICO-ECONÓMICO

Restarle fondos a la CABA, una estrategia obvia

Lo sorprendente de la maniobra del gobierno nacional, de quitarle fondos de coparticipación a la CABA, es que alguien se haya visto sorprendido.

*Por Horacio Minotti. Director Ejecutivo de Trust Consultora. La jugada del presidente Alberto Fernández de restarle fondos coparticipables a la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, fue una maniobra totalmente esperada y a la vez razonable, desde el más crudo pragmatismo político. Lo sorprendente de esto es, en todo caso, que alguien se haya sorprendido.

La Ciudad de Buenos Aires es territorio hostil para el partido de gobierno, infranqueable. Jamás en este siglo, el peronismo pudo estar ni cerca de ganar la Ciudad. Lo más parecido a un peronista que pudo imponerse en el territorio porteño fue Anibal Ibarra, que en el año 2000 como representante de la Alianza, que había llevado a la presidencia a Fernando De la Rúa, ganó la Jefatura de Gobierno llevando como vice a la “sushi”, Cecilia Felgueras. Ibarra fue por su reelección en 2003, con respaldo del Frente Grande y el radicalismo y consiguió su reelección en segunda vuelta, después de haber perdido la primera con Mauricio Macri.

Para atestiguar un triunfo peronista real en el distrito, hay que remontarse a 1993, en pleno auge del gobierno de Carlos Menem y su convertibilidad, cuando Antonio Erman Gonzalez pudo imponerse en una elección legislativa con la boleta del PJ. Desde 2005 en adelante, todos triunfos consecutivos del PRO y sus diversas alianzas.

¿Que podría ganar en términos políticos el oficialismo nacional manteniendo los niveles de coparticipación porteña como están?. Ya sé, usted me va a decir que cumplir con la ley, que el presidente es de todos los argentinos y que debe gobernar para todos. Seamos serios.

¿Cuales son las consecuencias políticas de la medida?. Bueno tal vez el oficialismo obtenga algún diputado menos por la CABA en las próximas elecciones de medio término, que bien puede compensar con alguno más por otra provincia, especialmente la de Buenos Aires, donde ha volcado los fondos que le restó a la Ciudad. Seguramente el candidato que proponga para Jefe de Gobierno en 2023, saque algunos votos menos que los obtenidos en 2019.

Pero, ¿en que cambia si iba a perder de todos modos?. El voto kirchnerista-peronista de la Ciudad es el voto durísimo, exclusivo, el piso y el techo al mismo tiempo, eso no va a modificarlo la cuestión de la coparticipación.

Por ende, si faltan fondos ¿a quien sacárselos? Bueno, al distrito que se iba a perder de todos modos. Los porteños sufrirán el castigo por su condenable preferencia política.

Del mismo modo, el afianzamiento de Horacio Rodríguez Larreta como rival político, es una segunda motivación fundamentada. En este caso, el oficialismo debería ser algo mas cuidadaso. No ha sido muy exitoso en el pasado seleccionando rivales políticos. De hecho, en su momento eligieron a Macri para rivalizar y les terminó ganando la presidencia.

No parecen tiempos para seleccionar a Rodríguez Larreta como el contendiente. La figura del Jefe de Gobierno se consolida entre los votantes propios y los independientes. Crece cada mes y la diferencia entre su amplia imagen positiva y su reducida negativa, se estira en cada medición.

Gestiona un distrito que, aún raleado de fondos es gobernable, lo conoce al dedillo, entre sus años como Jefe de Gabinete de Macri y su propia gestión, lleva 13 años administrándolo. Sin duda que la restricción de fondos coparticipables lo afecta, pero no lo daña mortalmente ni mucho menos.

De hecho, si maneja bien la comunicación de los acontecimientos, podría incluso favorecerlo en su imagen pública. Digamos que si Larreta pelado (de fondos) saca adelante su gestión con éxito, y Axel Kicillof, beneficiado por el dinero quitado a CABA realiza una administración de mediocre para abajo en Provincia, y la comunicación pone sobre el tapete el paralelismo, la maniobra puede terminar siendo el famoso “tiro en el pie”.

Pero, para 2023 falta algo así como tres siglos en un país como el nuestro. Mientras tanto, la jugada del gobierno nacional era esperable y evidente. Son movimientos que tienen correlato histórico. Los viejos y memoriosos recordarán una frase que se escuchaba en los ’90: “Cavallo se sentó sobre la caja”. Se refería a que el poderoso Ministro de Economía restringía arbitrariamente los fondos de las provincias, de acuerdo a si las mismas mostraban fidelidad con el gobierno nacional o no lo hacían.

Es, podríamos decir, un “modus operandi” y el actual presidente no resulta ajeno a aquellas maniobras originadas en el menemismo-cavallismo de los que ha estado tan cercano en sus años mas mozos.

No hay sorpresa, no puede haberla. Incluso cuando uno gobierne con un sesgo mas legalista y menos pragmático, debe estar en condiciones de conocer al adversario y adelantar sus jugadas, aunque lo esté llamando “amigo” en algunas conferencias de prensa.

La incógnita ahora, es cuanto podrá explotar Rodríguez Larreta, la situación hacia done lo empujó el gobierno. La victimización es un buen recurso pero no puede exagerarse: nadie vota a una víctima sufriente. Una moderada victimización, continuada con una gestión que demuestre que se ha superado con éxito un problema derivado de una injusticia, es un buena fórmula para el éxito.